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 El libro de los Asmodian

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MensajeTema: El libro de los Asmodian   Jue Nov 18, 2010 12:38 pm

Introducción al libro de los Asmodian

No fue siempre así. Hubo un tiempo donde las dos partes de este mundo eran una sola, estábamos tan unidos como si fuéramos hermanos. Éramos iguales, teníamos los mismos ideales y compartíamos los mismos propósitos, proteger la Torre de la Eternidad. Cuando nos fallaron, lo destruyeron todo. Nuestro mundo y nuestra gente fueron desgarrados.
En la mitad de abajo de este mundo, encontrarás un somero, pero su existencia ha sido encantada con el pecado, la avaricia y la gula, un orgullo fuera de lugar y una arrogancia aplastante. Ahí encontrarás a los Elyos, una raza de criaturas despreciables que dedican su existencia a diezmar todo lo que es bueno en este mundo. No se dejen engañar por su apariencia de santos, bajo su piel pálida solo existe oscuridad.
Nosotros vivimos en la parte superior de este mundo, los Asmodians, lo llamamos casa. Después del épico cataclismo fuimos empujados a la oscuridad, a lo desconocido, y no tuvimos otra opción que adaptarnos y sobrevivir. Cada día nuestro mundo nos enseña algo nuevo, nos abrió los ojos a nuevas posibilidades y nos otorgó una fuerza inquebrantable para poder reconstruir nuestra vida una vez más. Gracias a nuestra experiencia hemos podido llegar tan lejos, no todos los días te dan la oportunidad de volver a empezar, para corregir tus errores.
Un momento, me estoy adelantando. Primero una introducción, mi nombre es Kineas y soy un Daeva, un ser creado para la lucha contra los Balaur. Yo, junto con mi pueblo, hemos realizado todo lo necesario para asegurar nuestro lugar en Atreia, y estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por defender lo que nos corresponde por derecho .Si los Elyos quieren guerra, tendrán guerra. Los tiempos de paz hace tiempo que desaparecieron, ahora es tiempo de venganza.
Después de todo lo que ha sucedido en nuestro mundo, Creo que es mi deber relatar los acontecimientos que nos han traído hasta nuestros días. He escrito este diario para contar lo sucedido durante los años que nos han llevado a la situación actual, tal vez comprenderás cual fue la causa de que nuestro mundo cambiara tanto
Adelante lee, ¡Y aprende que significa ser un Asmodian!

Capítulo 1: Unidad

Primero voy a hablar de la era que existió antes de que yo naciera. Nuestras historias relatan cuentos de verdes tierras con abundantes praderas, un mundo donde podíamos crecer felices con nuestras familias. Así era la era antes de que los Elyos y los Asmodians existieran, cuando simplemente éramos conocidos como humanos. Atreia era solo uno. Toda una. Como estábamos todos juntos, no había división, no entre nuestros mundos, no entre nuestros pueblos.
Los años pasaron. No puedo dejar de sentir enfado, no valoraron el paraíso que les habían otorgado, incluso tenían la idea de que este mundo iba a seguir siempre así. Sin embargo, una vez que sabes lo que ha ocurrido las cosas empiezan a tener sentido, puede que mirando atrás nos demos cuenta de los tesoros que teníamos. Puede que incluso esta tierra baldía que ahora llamamos casa sea un paraíso comparado con otras tierras aunque encuentro difícil imaginar un lugar más desolado que este.
Las cosas cambiarían. Pocos imaginábamos el horror que Aion había guardado para nosotros, nuestro mundo estaba a punto de ver una gran y persistente pesadilla y una incontable sed de guerra.

Capítulo 2: Una malvada creación

O voy a relatar una pesadilla, al principio fueron llamados draken, eran criaturas terroríficas. Enormes y pesadas, nuestras improvisadas armas eran inútiles frente a su fuerte piel. Peor aún, podían expandir sus alas y volar por el cielo, haciendo inútiles nuestras escasas defensas en un momento. Aprendimos pronto a escondernos de los draken, y sin un depredador natural, su número y su confianza crecieron en igual medida. Hace tiempo, sus siluetas, creadas por Aion para poner orden en el mundo, eran una vista común en el cielo.
Su deseo de poder era insaciable; especies enteras murieron y marchitaron bajo la furia de los draken. Ellos trajeron el infierno en su paso, dejaban carbonizadas y arruinadas todas las tierras. Pronto, después de la matanza inicial estas bestias empezaron a tener algo de inteligencia. Después de darse cuenta de la tendencia guerrera de los Krall y los Mau, los draken decidieron no destruirlos, si no subyugarlos a sus filas, pero solo después de haberles jurado lealtad eterna. Fue en ese tiempo cuando los draken experimentaron una evolución, algunos de ellos se hicieron más fuertes y más inteligentes que el resto. Estas criaturas fueron llamadas Dragones, no draken, y de ellos, cinco tomaron el mando de los demás. Estos cinco se conocían como Señores Dragones.
Los cinco Señores Dragones, rápidamente reorganizaron sus fuerzas, estableciendo su sociedad como si fueran rangos militares. Ellos decidieron cambiar el nombre a su pueblo como “Los Balaur”. Con su nuevo título, las bestias atacaron de nuevo con un vigor renovado, diezmando a los pocos grupos que se atrevían a oponer resistencia.
Ni con eso seguían satisfechos, y buscando nuevos oponentes, pusieron su atención el dios de Atreia, Aion, y le demandaron que les otorgara los mismos poderes que nuestro creador. Cuando Aion rechazó, los Balaur, llenos de rabia e impulsados por la codicia, se volvieron contra nuestro dios, y reunieron sus fuerzas para realizar un gran ataque a la Torre de la Eternidad.

Capítulo 3: Ascensión

Aion se vio obligado, en represalia creó 12 criaturas llamadas Señores Empíreos. Estas criaturas poseían una belleza y una fuerza que jamás se había visto antes, y como los Balaur, podían volar gracias a una extraña y curiosa sustancia llamada Aether. Nuestra fe e dios, y nuestra devoción por Atreia fueron reconocidas: estas criaturas fueron creadas a imagen nuestra, y vinieron para salvar el mundo en el cual muchos de nosotros habíamos aprendido a llamarlo casa.
Inevitablemente empezó la batalla, pronto se convirtió en una larga y sangrienta guerra. Encontramos protección a los alrededores de la torre, dentro del escudo Aetheric que nuestros Señores Empíreos crearon para nosotros. El escudo era pequeño, y el resto de tierras de fuera del escudo quedó bajo el control de los Balaur. Los Señores Empíreos se debilitaron tanto como se debilitaron los Balaur, cuando los Balaur se dieron cuenta de esto, pusieron a criaturas inocentes justo fuera de sus fronteras e hicieron una carnicería con ellos para así llamar la atención de nuestros Señores y sacarles fuera. Fueron crueles, sus acciones lo único que consiguieron fue aumentar nuestro odio hacia ellos.
Ese tiempo, es el que nosotros más adelante le pusimos de nombre La Guerra Milenaria. Un tiempo en el que los seres humanos podían prosperar una vez más bajo la protección de las alas de los Señores Empíreos. Durante ese tiempo nací yo, con el tiempo crecí hasta ser un hombre joven, encontré el Aether que Aion había concedido a este mundo e hizo un drástico cambio en mí. El Aether me respondió, y yo a él, pronto mis talentos fueron conocidos por otros a quienes la gente veía en raras ocasiones. Estos otros, estos Daeva, fueron humanos en su nacimiento, pero poseían una habilidad innata para manipular el Aether que era utilizada por los Señores Empíreos. Lentamente pero seguro aprendí a dominar estas habilidades, mientras que al principio solo podía enfriar el aire de mi alrededor, pasaron los meses y podía congelar a mis oponentes, y convocar bolas de fuego para destruir a los Balaur. Me veneraban, casi como a un dios, aquellos que una vez me tuvieron de su pecho ahora me ponen en un poderoso pedestal.
Lo que yo siento, el hijo de un simple granjero, el poder causar sufrimiento a esos Balaur era intoxicante, esto era una bendición de Aion que nunca desearía devolver.
Pronto el número de Daevas fue suficiente para que nuestros Señores Empíreos nos movilizaran dentro de las fuerzas de batalla. Me uní a la legión, progresé rápido y ascendí en rangos, dejando atrás mi infancia, una infancia de un chico llamado Phalaris

Capítulo 4: Cobardía

Ascendí rápidamente de rangos. Mis habilidades como mago eran superiores que la mayoría del resto de los Daeva y pasado un año ya estaba al mando de una legión entera. La lucha era fiera, y mientras que frecuentemente estábamos en peligro ante los Balaur, nuestros Señores Empíreos siempre tenían cuidado de protegernos. Nuestras tácticas y estrategia mejoraron, cada vez podíamos empezar a matarlos de más jóvenes, más dragones tontos, cuando antes nos veíamos forzados a retirarnos dentro de nuestro escudo Aetheric. Eran pequeños pasos, pero como todo padre sabe, un niño debe aprender primero a andar antes de aprender a correr.
Así, llegó el día en el que supimos cosas asombrosas.
El Señor Israphel, uno de los dos Guardianes de la Torre de la Eternidad (Señor Israphel, quien odiaba como nadie a los Dragones) declaró que deberíamos hacer la paz con ellos. El propósito de la guerra, no era aniquilar a los Balaur, si no proteger Aion.
Me quedé sorprendido; sorprendido de que uno de nuestros salvadores perdiera su resolución tan fácilmente, sorprendido de que su coraje y su feroz determinación desapareciera tan… tan repentinamente. Al principio hubo una gran consternación entre los Señores Empíreos. En ese momento, la paz era impensable… una parodia. Todos pensábamos lo mismo. La propuesta de Israphel era absurda.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que los Señores más débiles mostraran que realmente nunca habían tenido estómago para la lucha. La Señora Ariel fue la primera en capitular, y con honestas palabras habló de la sabiduría de Israphel, de su antigüedad, de su valentía – ¡valentía! – en atreverse a proponer la paz. Tuvo la audacia de decirnos como deberían pensar y actuar los Daeva.
Rápidamente ella y sus seguidores se habían olvidado de los sacrificios que habíamos sufrido en miles de años. ¿Qué valor tan miserable otorgaban a la sangre derramada de muchos de nuestros familiares?
Pero los otros Señores aun tenían espíritu de acero. Como soy un Daeva pude hablar con algunos de los Señores, y con el que mejor trabajé fue con el gran y digno Señor Asphel. Su decisión siempre fue fuerte, y era en sus misiones donde siempre teníamos el mayor éxito. Su forma y su capacidad fueron un ejemplo para muchos de nosotros; así que cuando el insípido escrito de Ariel empezó a influir en algunos de los Señores y ví la mueca de la cara de Asphel, supe sobre quién ponía mi lealtad. Estuvimos hablando con él. Reprendió a Ariel por su desdén en la honra de nuestros muertos y criticó la ingenua y equivocada iniciativa de paz como una pérdida de tiempo.
La sala estalló con furia. Todavía suena en mis oídos... el rugido, la confusión, las palabras de la acusación y el odio, cada una de las partes se puso una en contra de la otra. Más allá, vi a Israphel hablando apasionadamente con Siel, que escuchaba gravemente. Israphel insistía en que podríamos defender Aion trabajando en pro de la paz, en lugar de a través de la guerra. Para mi horror, Siel asentía.
Para preservar la concordia, todos nos pusimos de acuerdo en abandonar la gran sala y dejar a los doce Señores Empíreos que discutieran solos. Fui con mis compañeros de armas que estaban del lado de Lord Asphel para ser un grupo unido; pero otros se escaquearon en la noche, en compañía de sus cobardes seguidores. Al final, estábamos en campamentos separados, dependiendo de si se había elegido el bando de los dignos ó de los débiles.
Esperamos pacientemente los resultados de esa noche. Lo recuerdo bien; recuerdo mirar a través de nuestro mundo, observando los penachos de fuego desde la distancia y sabiendo que la paz con los Balaur era imposible. Miré hacia el pasado y recordé las décadas de lucha sin cesar, recordé esos ojos oscuros sin alma, que sin parpadear e implacablemente masacraron a mi familia y a mis amigos, sin una razón mejor que el simple deseo de dominación que tienen esas bestias.
Sabía que Siel rechazaría la propuesta de Israphel. Sabía que Asphel argumentaría su caso, nuestro caso, y los otros casos, quizás la Señora Ariel vería el sentido por si misma y estaría de acuerdo. Sabía esto; y aun cuando salieron los Señores Empíreos, la decisión que se había tomado hizo que mis nervios saltaran, a mi legión y a mi nos dejaron tambaleando. Lady Siel sucumbió. A pesar de todas nuestras protestas, ella e Israphel, como guardianes de la Torre, poseían la autoridad final sobre los doce. La decisión era definitiva. Se había llegado a un acuerdo con los Balaur. La voz de Aiel estaba llena de júbilo y triunfo, incluso algunos entonaban una canción de paz.
Asphel salió hecho una furia. Cuando se marchó, tome el vuelo detrás de él, y un significativo número de Daeva hizo lo mismo.

Capítulo 5: La época del cataclismo

Así que, pasados unos días, comenzó la conferencia de paz. Como muestra de respeto hacia los cinco Señores Dragones, redujeron el escudo Aetheric de alrededor de la Torre, y los invitaron dentro de esta colosal estructura para realizar las negociaciones.
Fueron unos minutos eternos. Miré los ojos de mis legionarios, y ví la desconfianza y el odio de que nuestras convicciones fueran tan débiles como para haber cedido ante estas bestias, nos hemos puesto de rodillas ante ellos para que traten con nosotros. Me volví hacia mi centurión de más confianza, y me dirigí a hablar con él, cuando, tan rápido como un chasquido, todo cambió. Hubo gritos, confusión, una derrota. Uno de los Balaur calló, y Lord Asphel estaba listo para luchar, sus ojos brillaban.
Los Balaur atacaron. Siel e Israphel gritaron una vez para subir el escudo Aetheric pero en la segunda vez, nos fallaron. Perdidos en el tumulto no pudieron actuar correctamente para defender la Torre. Bajo las rabiosas garras y las armas de los Balaur, La Torre comenzó a astillarse y a fragmentarse.
Recuerdo el rostro torturado de Israphel, azotado por la culpabilidad, se dirigió con Lord Asphel y con todos sus Daeva a la región Norte, mientras tanto Siel marchó con Ariel y los suyos al Sur. Aun quedaba esperanza. Trabajando en dos grupos, uno en cada extreme de la Torre, los Señores Empíreos harían todo lo posible para impedir la destrucción de la Torre.
Lo hicimos rápido. Esos en el Sur, ahora lo sabemos, no lo hicieron.
En un instante a la vez que la torre de la Eternidad se derrumbaba el mundo se oscurecía. La gente salió corriendo y gritando en todas direcciones.
Recuerdo ese momento como si fuera ayer; recuerdo mirando hacia arriba y viendo como caían pedazos de la Torre, iluminado solo por la luz de la gran estructura. Recuerdo estar allí de pie, inmóvil mientras un gran fragmento de la Torre caía sobre mí. Recuerdo muy bien ese día… fue el día que encontré otro regalo por ser un Daeva: inmortalidad.
Me desperté, vi a través de nuestro gran mundo, Atreia estaba dividida en dos partes. La mitad inferior se había envuelto con una luz intense y brillante, mientras que la nuestra se había sumido en el frío, en la oscuridad desolada.
La conferencia de paz había terminado.

Capítulo 6: Secuelas

Lentamente nuestros ojos se iban adaptando a la luz, y poco a poco nos íbamos encontrando los unos a los otros. Nuestra gente estaba angustiada, aterrorizada: nadie sabía como había sobrevivido. Calmé a la gente diciéndoles que encontraría la forma de hacer un campamento y calentarnos; después me dirigí hacia el tocón que fue la base de nuestra torre.
Fue allí donde encontré una bendición: los cinco Señores Empíreos que fueron enviados para mantener intacto Aion estaban vivos. Nos juntaron a todos, y nos dijeron que nuestro mundo había cambiado para siempre, y nos explicaron el por qué. Había ocurrido lo peor en el intento de paz, habían muerto millones, y Siel e Israphel, los dos guardianes de la Torre, habían sacrificado sus vidas para que nosotros pudiéramos vivir en su lugar. En vida cometieron una gran locura, pero sus muertes no fueron sin honor, y en silencio estuvimos recordándoles.
Poco después regresé al campamento y ayudé a construir un enorme fuego para atraer al resto de supervivientes. Durante los días siguientes, miles vinieron con nosotros, maltratados, amoratados, y angustiados por los acontecimientos que habían transcurrido. Yo tuve la suerte de encontrar a mi hijo Phalaris entre los supervivientes, fui el único de mi asentamiento que había sobrevivido.
Pasaron días, semanas. Se puso de manifiesto que nuestro mundo, nuestro mundo roto, se había estabilizado, nuestro destino estaba nuevamente en nuestras manos. Aion, al parecer, se había marchado, él era quien proporcionaba el Aether que era la fuente de mi poder. Por primera vez en mucho tiempo, me volví a sentir vulnerable. No quería que me dominara el miedo, así que hablé con Asphel, para trazar los planes de reconstrucción de nuestro nuevo mundo.
Han pasado setecientos cincuenta años, durante este tiempo he visto como sucedían grandes cambios. Pronto nos quedamos sin leña, nuestros ojos se adaptaron a la oscuridad que nos invadía. Nuestro pueblo fue construido, y bautizado como Pandaemonium, pronto se expandió en una gran ciudad. Ví florecer a nuestro pueblo, adaptarse, evolucionar contra todo pronóstico, siempre bajo la dirección de nuestros Señores Shedim.
Nuestra evolución también fue física; nuestra piel pálida creció sumida en esta oscuridad, y en el duro suelo lleno de escombros que parecen cuchillas de afeitar ha convertido nuestros pies en garras. Nuestras manos también fueron agraciadas con garras, es como si dijéramos que ninguno de nuestra raza ira desarmado jamás. Estas marcas fueron lo mas difícil de aceptar, pero si fueron necesarias para nuestra supervivencia, y así lo fueron, entonces no hay otro remedio que llevar esta carga. Para nosotros son el precio a pagar por el intento de paz de Israphel, el cual Ariel fue tan tonta de apoyarlo.
Durante ese tiempo ví como Phalaris crecía y moría junto con sus hijos, y junto con los hijos de sus hijos. Así es la vida de un Daeva.

Capítulo 7: Retribución

Un día ocurrió una cosa curiosa. Los fragmentos de la gran Torre hundidos en la tierra empezaron a emanar una suave luz, entonces de repente se elevaron hacia el cielo. Asphel ordenó a Archon, el más fuerte de nuestros Daeva, y a su unidad de la cual formo parte, que investigara.
Salimos de inmediato, encontramos un portal que nos teleportaba a otro mundo, a un lugar que estaba entre Asmodae y la parte Sur de Atreia, los pilares de piedra flotaban en el aire. En este mundo el Aether que necesito en mis habilidades flotaba en abundancia, tuve una gran sensación de alivio cuando descubrí que mis habilidades de volar seguían intactas. Volví a Pandaemonium y relate todo lo visto a nuestros Señores Shedim. Asphel inmediatamente ordenó a Archon que protegiera ese portal, cuando pregunté por qué, no me contestaron, simplemente miraron al cielo, hacia la parte inferior de Atreia.
Dos días después, mientras estábamos planeando una segunda expedición a través del portal, los guardias estacionados en Morheim no se comunicaron con nosotros. Zikel, uno de los Señores Shedim y nuestro dios de la destrucción, tomó el relevo de Archon, incluyéndome a mí, para ir a investigar.
No habíamos viajado muy lejos cuando de pronto encontramos a un grupo de personas, afirmaban que eran de la parte Sur de Atreia, en pie, con sus armas desenfundadas. Parecían ángeles, y aunque hablaron poco, nos juzgaron de inmediato. Imagina – Ser juzgados por un crimen que ellos, no nosotros, habían cometido. No fuimos nosotros los cretinos de corazón blando, que dieron la bienvenida a los Señores Dragón dentro de nuestra torre en plena guerra – ¡Fueron ellos!
La ira de Zikel era más que evidente, arrojó a estos “Elyos” al suelo, demandando que maldijeran a Nezakan, uno de los señores Empíreos que fue tan débil como para pedir la paz a los Balaur. Zikel escupió, había demostrado que parte tenía la culpa. ¿Reconocerán estos Elyos los errores de sus señores y los condenarán por sus estupideces?
Su líder, un hombre llamado Deltras, lo rechazó todo. Ahora sabemos que el orgullo es la mancha de todos los Elyos, se negó a culpar a sus Señores, en su lugar maldijo a Zikel. Las espadas fueron desenfundadas, cargamos contra ellos, abatiéndolos como cobardes. No obstante, algunos de ellos lograron escapar; la mayoría hacia nuestra ciudad donde llenos de ira mataron a nuestras mujeres y niños antes de que pudiéramos terminar con ellos. Dos volvieron a su tierra, ensangrentados pero no vencidos

Capítulo 8: Un viejo enemigo, un nuevo enemigo

Ese día volvimos a Pandaemonium, y de inmediato decidimos unir nuestras fuerzas para la guerra en contra de los Elyos. Los días siguientes los combatimos, y estalló una Guerra a gran escala entre nuestros pueblos. Al poco tiempo, se nos presentó una nueva prueba, los Balaur, exiliados por largo tiempo en el interior del Abismo, encontraron una manera de escapar de su prisión. Su sed de sangre era la misma de antaño, y con sus antiguos aliados de nuevo a su lado no podemos subestimar su poder.
Los Elyos, se intentaron presentar como brillantes criaturas y con una cursi moral de superioridad, solo han tenido éxito en retraerse a sí mismos fuera de las profundas raíces de la historia, la cual nos da la fuerza a los Asmodians. Ellos desean olvidar el pasado, para despreciar la sangre que nuestros ancestros comunes vertieron en su nombre, como si fuera una mancha humillante.
Pero nosotros los Asmodians no deshonramos nuestro pasado. Cuando nos encontramos el uno al otro la primera vez en esa noche oscura, ensangrentados pero vivos en la orilla del Asmodae, buscamos un lema con el cual pudiéramos reconocernos a nosotros mismos… aun no habíamos evolucionado en nuestras nuevas formas, muchos estábamos alrededor de la luz del fuego.
‘Sangre por sangre’, vino como un susurro de la oscuridad, y a día de hoy aun no sabemos quién lo dijo… algunos dicen que fue Asphel, otros que Zikel, y otro claman que fue el mismo Aion, bendiciéndonos con su aliento de muerte. Pero cuando al día siguiente amaneció, pálido y sombrío, esas palabras estaban en boca de todos, y a nadie le importaba de donde habían venido.
La sangre debe ser derramada para vengar a aquellos que derramaron su sangre por nosotros. Y aquellos de nosotros que tenemos la misma sangre – los leales, los justos que hemos permanecido juntos a lo largo del tiempo, largas noches las de entonces – nos mantenemos y nos ayudamos los unos a los otros. El susurro se ha hecho eco durante siglos, pasando de madres a hijos, de padres a hijas, de capitanes a soldados, de familiares a familiares. Al igual que nuestra sangre, nos calienta y nos llama para la lucha.
Ahora hemos descubierto algo que ha dado a nuestra misión un sentido de urgencia. Con el paso del aire, nuestro planeta fluye Aether fuera de nuestra atmósfera. Hemos buscado durante meses la fuente del Aether, la buscamos por todo el Abismo, y por Asmodae, cuando la respuesta estaba justo en frente de nosotros
Son las dos Torres. Una ponderosa resonancia aun existe entre las dos Torres, una vibración invisible entre las dos mitades de nuestro planeta. Es como si en memoria de la perdida Torre de la Eternidad, se llaman la una a la otra a través del vacío, y su comunicación ha creado el abismo.
El Abismo absorbe Aether, drenándolo como si fuera agua vertiéndose en el océano.
El Aether cada vez se propaga más delgado y mas fino con cada día que pasa, pronto afectará a nuestros Daevas, y a nuestro planeta. Atreia solamente sigue unida gracias al vínculo que Siel e Israphel crearon cuando sacrificaron sus cuerpos etéreos de Aether, un proceso que acabó con sus propias vidas. Pronto el Abismo debilitará estos lazos, y si se rompieran, nuestra atmósfera se derrumbaría, y todo el mundo en este planeta perecería.
Aun queda una táctica viable. La resonancia no puede continuar si solo sobrevive una de las Torres. Nuestro camino a seguir es claro: debemos destruir la Torre de la luz. Solo entonces podremos poner fin al derramamiento de sangre y salvaguardar las vidas de los Asmodian de la arrogancia y la tiranía de los Elyos.
No duraremos en esta ocasión. No habrá descanso para nuestras espadas, solo una brutal e irresistible ola de destrucción que finalmente echará de nuestra casa a esos tontos y arrogantes que infectan nuestras tierras.
Una vez más nuestro destino esta en nuestras propias manos. Sangre por sangre, nuestro lema, y con los duros Asmodians a mi lado, no pararemos, no desfalleceremos. Esta vez, no fallaremos.
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